01/02/2012 Jake Reilly decidió desconectarse del mundo virtual para volver a tener relaciones ''con personas y no con perfiles''. El joven hablaba de de 600 a 900 minutos por teléfono y enviaba más de 1.500 mensajes de texto al mes. Cada día pasaba más de hora y media en Facebook y leía lo que escribían las 250 personas a las que seguía en Twitter.
El estudiante de Chicago decidió tomar esta decisión ya que, seún sus palabras, “añoraba mirar al mundo en lugar de leer sobre él en el móvil''. Pasado el mes y medio de desconexión, Reilly descubrió que tenía ''más tiempo libre'' del que creía, que sentía ''mayor paz interior'' y que estaba ''tranquilo consigo mismo''.
Este período, al que llamó 'Amish Project', comenzó ''apagando sólo el teléfono. Pero llegué a la conclusión de que si no tenía móvil la gente iba a enviarme mails o un montón de mensajes vía Facebook. Así que lo corté todo”, afirma.
Para poder seguir comunicándose con sus amigos, ya que la desconexión era tecnológica y no personal, ideó diferentes sistemas a la antigua usanza: escribiendo mensajes con tiza en las aceras, enviando cartas, pegando notas en el ascensor de la universidad o llamando por teléfono, siempre, desde una cabina pública.
De esta manera se dio cuenta de quién estaba realmente dispuesto a mantener su amistad, además de recuperar la relación con su novia.
Superado el mes y medio Reilly ha vuelto al mundo 2.0, pero ''desde una perspectiva totalmente diferente''. Además, le ha llevado a darse cuenta de que Facebook es una plataforma “superficial” donde “todo el mundo muestra una imagen edulcorada de sí mismo”.
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